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Pulcritud y seriedad de palo

Paloma Ramírez


De mi paso por la FIL, me llevo media docena de libros, un par de separadores (que desde ya puedo asegurar que terminaran por no separar nada), una postal que muestra un maletín vacío, si no fuera por una misteriosa jeringuilla, y la certeza de que el escritor Enrique Vila-Matas (EVM) ha sido la figura central de esta edición.

Y esto, no sólo lo digo porque su trabajo fue reconocido con el prestigiado Premio Juan Rulfo sino porque, una y otra vez, su obra salió a relucir durante la Feria. Si tuviera que establecer un inicio, diría que todo empezó con su poderoso discurso de aceptación del premio, El futuro. Un discurso apocalíptico que habla sobre la extinción del lector exigente (como sinónimo de pensante) y la consecuente muerte de la novela, entendida como obra de arte..., y no como los textos que ahora abarrotan las librerías, los de la "corriente de aire".

En su discurso, EVM citó un relato de Mario Levrero en el que, durante una partida de ajedrez, el señor Caorsi le pregunta a un escritor por qué las personas en su profesión son más propensas a deprimirse que el resto de la gente. El escritor contesta: "Se deprimen porque no pueden tolerar la idea de tener que vivir en un mundo estropeado por los imbéciles". Acto seguido, el señor Caorsi da por terminada la partida al levantarse de golpe y tumbar las fichas de ajedrez.

Tras las palabras del escritor en el pódium -el de carne y hueso-, huelga decir que nadie, dentro del público asistente, abandonó el salón de la premiación. Quizá porque no fueron tan susceptibles como lo fue el hombre del relato o quizá porque se entretenían con sus pequeñas pantallas en conversaciones insustanciales y las palabras de Vila-Matas fueron absorbidas, más bien, por la mullida alfombra. Lo cierto es que, hacia el final, la asamblea le aplaudió con inusitado entusiasmo. Y varios de ellos se hicieron un selfie con EVM como fondo.

Fuera del acto protocolario, Vila-Matas también robó cámara. En un evento llamado Mil jóvenes, interactuó con un público animoso y lozano. A través de anécdotas llenas de hilaridad, charló sobre sus primeras experiencias como lector y escritor. Y habló sobre su gran paradoja personal. Se hizo escritor para aislarse del mundo y, como tal, tuvo la necesidad de hablar del mundo. Al verlo en ese ambiente, cuesta trabajo creer su proclividad a alejarse de los demás. Los muchachos presentes no perdían palabra de sus historias disparatadas que contaba con pulcritud y seriedad de palo. Y a él se le veía en su medio.

Y también se le veía en su medio cuando presentó su libro más reciente, "Marienbad eléctrico". En esta ocasión, el público era más reducido y especializado. Y, aunque su tono cambió un poco, habló como si se encontrara entre amigos. Intercalaba anécdotas que parecían sacadas de alguna de sus metanovelas, mientras que los asistentes nos aferrábamos a sus palabras con ansiedad de adictos.

Y con la misma ansia tratábamos de encontrar puntos de convergencia entre lo que él contaba o habíamos leído en sus textos y nuestras historias. Lo que es una respuesta natural cuando se está frente a una obra de arte que nos toca el alma. Y es que la obra deja de ser de su autor en el momento en que el lector o el espectador se interna en ella, en el instante en que percibe su propio reflejo en la obra y hace suya la experiencia. El arte eleva al observador. Lo hace más humano.

En ese saloncito, rodeada de personas con miradas delirantes, por fin entendí la semblanza de EVM que Domínguez Michael leyera durante la entrega del Premio FIL. Palabras que en principio taché de arrogantes y que, en secreto, titulé: Él, yo y nosotros. Pues, fue un discurso en el que -más que tratarse sobre EVM y su obra- Domínguez Michael no cesaba de aparecer. Luego, comprendí que no podía ser de otra manera pues la obra de Vila-Matas era también la de su crítico como es la de todo aquel que la entienda y se vea en ella. Por eso, cuando hablamos de sus novelas, lo hacemos también de nosotros.

Gracias por una FIL memorable, Vila-Matas.

 
a_trompicones@yahoo.com
 
 
 

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