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Días sin risa

Ante otras desgracias, los chistes no se hacían esperar. ¿Por qué ahora no es así?

LA MENOR IMPORTANCIA / José Israel Carranza


Una amiga hacía notar, en Facebook, que luego del temblor de la semana pasada no ha cundido el sentido del humor que sí siguió a los sismos de septiembre de 1985. A la conversación que se abrió al respecto hemos acudido muchos con nuestras suposiciones acerca de las causas, y por mi cuenta creo que el tema no es menor, en la medida en que de él pueden desprenderse algunas consideraciones en torno a las diferencias de este presente con aquel México que entonces comenzó a dejar de existir.

Primero, una precaución: por pasar el tiempo asomados a las redes sociales, muy probablemente estamos dejando de constatar lo que en verdad ocurre, así que el hecho de que no nos encontremos aún con chistes (o no tantos, o no tan negros) en las pantallas no quiere decir que no estén circulando en la vida fuera de ellas. En todo caso, lo que sucede en las Redes sugiere que sus usuarios han (hemos) estado autorregulándonos para que la consternación o la rabia no le cedan el paso a la risa. Pero hay que tener en cuenta, también, que las Redes son burbujitas en las que estamos más o menos a gusto porque quienes están ahí con nosotros piensan igual que nosotros.

No voy a entrar aquí a discutir si está bien o mal reírse con las desgracias (estoy escribiendo una tesis al respecto, espero acabarla en año y medio, y creo que entonces estaré todavía muy lejos de acercarme a ninguna luz para saber qué pensar). Tampoco tengo muchas ganas de escuchar malevolencias o crueldades, por ingeniosas que puedan ser. Lo que digo es que el hecho de que antes fuera posible reír, y tan rápidamente (basta hacer memoria: cuando la catástrofe de San Juanico, apenas horas después ya había chistes tan efectivos como siniestros), y ahora parezca más difícil, o imposible, acaso sea indicio de que nuestra impotencia y nuestra indefensión llevan las de ganar. Por esto: la risa es un atenuante del miedo y una manifestación suprema de la libertad. Que por estos días haya escaseado, que estemos reprimiéndola o resistiéndonos a ella, o que más bien nos hayamos vuelto incapaces de cultivarla, y en su lugar veamos expandirse el silencio de nuestra incomprensión, es, creo, para preocuparse. O para asustarse.

 
@JI_Carranza
 
 
 
 
 

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